CAPITULO V
9 DE JULIO (Bs.As.)
Al Llegar a este capítulo es como si todos los recuerdos se amontonaran de golpe pugnando por apiñarse en estas páginas, pues cosas muy lindas y experiencias imborrables nos han sucedido en el Aeroclub de la ciudad de 9 de Julio, donde durante mucho tiempo hemos ido a compartir con los muchachos nuestros fines de semana.
Primero debo contarte que es un grupo maravilloso, al cual el paso de los años no ha podido destruir afortunadamente, donde no hubo lugar para envidias, rencores o cualquier otro sentimiento que quisiera crecer cual maleza destructiva y poner de cabeza su gente.
Un día pasábamos por la ruta (el aero está a su orilla) y de pronto vimos pequeños aviones surcando el cielo, así que curiosos como siempre, decidimos entrar y ver de que se trataba, fue de esa manera simplemente, que conocimos a los muchachos, por aquel entonces: "Peli" Apraiz, Armando Pérez, "Coco" Moretelaro, Sergio Pignataro, el pequeño Luis Rodriguez, Luis Tierno, Luis Maferco y "Pirucho" Benito…
Ellos nos recibieron con mucho agrado y nos invitaron a partir de ese momento a volar cada fin de semana.
Entonces cuando llegaba el domingo, cargábamos nuestros aviones, el equipo de mate, yo preparaba una torta y partíamos rumbo a 9 de Julio a pasar las más lindas tardes en compañía de nuestros nuevos amigos; una amistad que fue creciendo día a día y afianzándosecada vez más en el tiempo.
Obvio que tantas tardes compartidas arrojó un montón de anécdotas que ahora voy a contarte…
El recuerdo más bello para mí es el cariño que siempre le tuvieron a Horacito, pues la mayoría de los muchachos todavía no tenía hijos cuando nos conocimos y los que sí tenían, no los llevaban al campo de vuelo, entonces el nuestro se convirtió en el más pequeño y mimado del grupo; ellos fueron testigos de su crecimiento, de sus vivencias, de sus charlas infantiles pero casi adultas, de su conocimiento de los aviones el cual desplegaba al conversar y ser interrogado causando gracia y ternura a la vez.
Lo miraban dulcemente cuando lo descubrían en el asiento de atrás de nuestro auto, acostado y tomando plácidamente su mamadera o durmiendo la siesta (pues la mayoría de las veces llegaba dormido).
En alguna oportunidad fue solo con Horacio, pues de pronto, alguna ocupación me entretenía en casa (en Los Toldos); precisamente fue en una de esas veces en que fueron los dos solos, cuando estaba jugando pisó un hormiguero, las hormigas negras comenzaron a subir por sus piernitas y él a gritar y correr y justamente los muchachos que andaban cerca enseguida lo auxiliaron… por supuesto que al volver a casa fue lo primero que me contó.
Los muchachos cortaban el pasto, volaban, mantenían el campo de vuelo (dentro del predio del Aeroclub) y poco a poco, juntando peso a peso, fueron construyendo un hermoso quincho con churrasquera, mesas y bancos super cómodos, baño instalado hasta con ducha y allí, ese quincho era el lugar de la reunión a la hora del mate, en la alcancía se colocaba el peso que serviría para la yerba, el té, el azúcar y el gas… asimismo cada uno llevaba galletitas, facturas, torta o lo que fuere y todo se compartía en esa hermosa mesa que se armaba por espacio de una hora u hora y media, entre mate y mate se contaban historias, se comentaban eventos pasados y futuros, etc.etc…
Precisamente fue una de esas tardes en que sucedió lo que les voy a relatar: yo estaba en mis principios como "piloto", tenia un PT 40 que iba a estrenar allí, color naranja con vivos azules, para mi era hermoso; yo recibía instrucción de don "Peli" y en el otro sector volaba "Pirucho" Benito con su "curare" haciendo acrobacia tras acrobacia… Iba mi modelo en vuelo recto y nivelado, y yo cansada ya de volar, le paso el equipo de radio a Horacio para que efectuara el aterrizaje, cuando "Pirucho" en una de sus maniobras (un roll ascendente) le pega a mi modelo en la "panza"… la explosión fue enorme, de mi modelo no quedó nada! Solo caían pedacitos mientras que el "curare" continuaba en franco ascenso, recto hacia arriba… arriba… arriba… y parecía que se le había terminado la cuerda porque ahí nomás se dio vuelta y comenzó a caer abajo… abajo… abajo… algunos, creyendo que era recuperable gritaban:
-¡Palanca atrás, palanca atrás! Pero a pesar de que "Pirucho" doblaba el stick, el "curare" seguía rumbo al piso, donde finalmente se enterró como medio metro en la tierra.
Aquel hecho se reflejó hasta en el periódico local y claro fue motivo de conversación durante muchas tardes de mateadas, a mi me costó algunas lágrimas y aquel recorte del diario, aún cuando ya pasó mucho tiempo, sigue pegado en la pared del quincho.